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La importancia de la amplitud de miras en los profesionales de la neurorehabilitación puede que esté infravalorada. ¿Qué hay de malo en incorporar técnicas, conceptos, métodos, maniobras, etc que se salgan de los cánones de lo conocido por el resto de terapeutas?

Siempre y cuando la evidencia científica ampare tales prácticas su aplicación no tiene porque restringirse, el problema está en lo que entendemos por evidencia.
Si por evidencia entedemos “ a mi me funciona porque a simple vista el paciente ha mejorado” estamos ante una opinión subjetiva de un solo observador ante un hecho que puede estar sujeto a múltiples variables, las cuáles pueden hacer variar el objeto de estudio.

 En cambio si por evidencia entendemos:
-Que existe bibliografía científica actual (publicada en revistas con alto índice de impacto) que avala la utilización o aplicación de un determinado concepto/método/técnica etc.

-Que el paciente ha sido valorado mediante escalas reconocidas antes y después de iniciar el tratamiento, observándose en las mismas una evolución objetiva del paciente.
-Que el paciente ha sido filmado o fotografiado antes y después de la sesión de tratamiento y se observa un cambio físico objetivable.

¿Qué habrá de malo pues en ser profesionales con un arsenal terapeútico amplio y en no quedarnos aislados siendo sectarios con la utilización de un determinado concepto?

 El paciente puede aprovecharse de nuestros conocimientos y de su aplicación práctica por y para su mejoría, quedándose tranquilo porque nos ampara la evidencia ciéntifica, (estudios, escalas, etc).

Hay un dicho que dice “ Una mente es como un paracaídas, funciona mejor cuando está abierta”. Y si a esa apertura de miras, le añadimos rigor y evidencia científica, mejor que mejor.