Las horas que nos pasamos a la semana con muchos de nuestros pacientes son muchísimas, tantas que se acaba creando un vínculo por el cual el paciente acaba confiando en tí y lo que en un principio el paciente no contaba por miedo al “estoy en manos de este tio, y no le voy a contar no vaya a ser que piense mal” acaba siendo soltado y eso me ha llevado a esta reflexión…
La recuperación psicomotriz de un paciente neurológico es el principal motivo por el que acuden a los profesionales, pero, ¿qué hay de la recuperación social?. La dimensión social en el ser humano es fundamental, necesitamos relacionarnos en todas sus múltiples formas, y ese aspecto es dejado de lado en muchas ocasiones por los equipos de neurorehabilitación. En el plano de la fisioterapia, he leído artículos de Janet Carr y Roberta Sheppard, donde éstas exponen los beneficios de terapias grupales en las cuales pacientes de las mismas características juegan o compiten, siendo esta actividad estimulante para su recuperación. Un día a la semana se rompe su rutina de terapia, y los pacientes se sueltan, se estimulan, se sienten entre “iguales” y el problema pesa menos, mientras hacen la terapia.
Lo mismo con sesiones grupales de terapia ocupacional o logopedia, donde los pacientes interactúan entre si…
O incluso… salidas, excursiones con los pacientes, participación en talleres de actividades variadas, musicoterapia, danza…
La recuperación psicomotriz es básica, pero la relaciones sociales estimulan su sistema nervioso, generan motivación y humanizan más aún (y eso que puede que sea de las profesiones más humanas que existan) las terapias y los procesos de recuperación.