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Saludos a todos, a continuación os encontraréis con una reflexión sobre la plasticidad cerebral, un intento de divulgación de un concepto tan complejo como importante, sobre todo para los que nos dedicamos a la neurorehabilitación, aunque es extrapolable a otros ámbitos profesionales y/o vitales. En esta entrada, a diferencia de otras, voy a saltarme conceptos anatómicos y neurofisiológicos, para ir al concepto en si.

Vamos allá.

Todos, nos dediquemos a la neurorehabilitación o al sexado de pollos, conocemos la imagen de un cerebro, con sus dos hemisferios, su cerebelo, su bulbo raquídeo, bien… todo lo que vemos, conocemos e imaginamos sobre el SNC (sistema nervioso central), no son si no, conjuntos y conjuntos de células que se relacionan entre sí, para obtener algo a cambio.

Células gliales que dan soporte y alimento a las neuronas.Neuronas que sinaptan entre sí para transportar impulsos nerviosos, decidir acciones, producir sustancias determinadas. Células sanguíneas, células del tejido subaracnoideo, etcétera.

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Cada una de estas células, tiene una función determinada, como podemos tener todos dentro de una población. Por lo tanto, podemos comparar a nuestro sistema nervioso central, con una ciudad llena de gente, cada uno con una función determinada dentro de esa sociedad. Y siguiendo con el símil, nosotros como individuos con cerebro, seríamos islas habitadas, que podemos relacionarnos o no, con otras islas.

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Imaginemos islas, separadas en medio del océano. En cada isla viven agrupados miles de personas, en una sola ciudad. (Como las neuronas) Cada persona de esa isla, tiene un cometido en esa sociedad, hay profesores, médicos, panaderos, mecánicos, parados, políticos, policías, bomberos, cocineros, etcétera… y para que la isla sobreviva en el mundo, tienen que hacer bien su labor, sólo así podrán relacionarse con el resto de islas.

Vamos a entrar en supuestos:

¿Qué pasaría si a la isla, llegan extranjeros que siembran la cizaña?

Si la sociedad es expuesta a influencias negativas del exterior, haciendo desconfiar a sus propios habitantes del resto de extranjeros e incluso de sí misma. El propio aspecto de la isla va a cambiar. Se construirían muros y cúpulas para evitar ser vistos y evitar ver lo que hay en el exterior, por el miedo a lo desconocido. Se cerrarían puertos y aeropuertos, reduciendo al mínimo la relación con otras islas.  Incluso, dentro de la isla, las casas estarían aisladas unas de otras, no habría ventanas y cualquier comentario de un habitante podría ser interpretado como un delito por el alcalde, castigando a la población.
Es decir, nuestro cerebro se convertiría en una especie de Corea del Norte, desconfiado, hipocondríaco, con temor a las novedades, e “hipervigilado” como si un “Gran Hermano” paranoico controlase todas las acciones de la ciudad.

Habría menor actividad cortical, incluso pudiendo descender las circunvoluciones, y cualquier estímulo que se saliese de lo normal sería interpretado como DOLOR. (Esto seguramente le suene a más de uno) .

Y todo esto, por un entorno, que ha influenciado negativamente a la población isleña.
Lo que traspasado a nuestra realidad, sería, la influencia de la cultura, de la sociedad y de vivencias propias en nuestra forma de relacionarnos con el mundo, y con nosotros mismos.

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 ¿Qué pasaría si en una isla, se vive un evento especial que hace florecer la motivación y el optimismo en sus habitantes?

Poniéndonos en lo extraordinario, supongamos que a una isla,  aterriza una nave espacial, llenita de extraterrestres en son de paz. La propia fisionomía de la isla cambiaría.
La gente se sentiría optimista, con ganas de conocer más, de llegar más allá (como paso con las culturas europeas en el Renacimiento, los descubrimientos del “nuevo mundo” llevaron asociado una revolución cultural en todo el continente). Se construirían universidades, observatorios, laboratorios, imperaría el progreso en la sociedad, y los cambios estructurales serían palpables en poco tiempo.
Lo mismo que sucede si nos sentimos motivados, o inspirados. Aumento del número de conexiones, los procesos mentales se agilizan, el flujo sanguíneo llega a zonas corticales para nutrir a las neuronas encargadas de los procesos de razonamiento, e incluso puede haber un aumento de las circunvoluciones.

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¿Qué pasaría si en una isla cae un meteorito y destroza la mitad de la isla?

Debido al cataclismo, los primeros días en la isla serían de confusión. El humo no dejaría ver que zonas han quedado indemnes y cuáles devastadas. Muchos habitantes aprovecharían la confusión reinante para saquear la ciudad. Pasados los momentos de caos, se observaría la destrucción causada por el meteorito. Numerosos muertos, y estructuras vitales para la ciudad destruidas: puentes, carreteras, escuelas, aeropuertos…

Pero los habitantes deciden que deben avanzar y reconstruir todo. Pese a la falta de personal cualificado, los que trabajan cerca de ingenieros, ahora deben ejercer como tales, lo mismo con personal sanitario que trabajaba cerca de cirujanos que han desaparecido. Hay que suplir como se pueda a los que ya no están, y las autoridades deciden que los que trabajaban cerca de ellos, o realizaban labores similares deben asumir su responsabilidad.

Por suerte, a la isla llega ayuda de otras islas: Arquitectos, ingenieros, médicos… y  ellos guían a los habitantes en la reconstrucción tras el caos. Bien es cierto, que hay estructuras que no volverán a ser las mismas, porque se han tocado los cimientos, o porque hay enclaves naturales de la isla que ya no existen.

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En este extraño símil podemos observar como se comportaría nuestro cerebro en caso de daño cerebral. Los primeros días, el edema, la reacción inflamatoria, y la toxicidad reinante en el SNC,  producirán sintomatología que el paciente no tendrá a la larga (estado de coma, crisis epilépticas, estupor, parálisis flácida del hemicuerpo afecto…) Las neuronas no dañadas asumirán la función de las que han sido destruidas en su entorno, y la ayuda exterior (tratamientos farmacológicos, fisioterapia, neuropsicología…) guiarán ese proceso de recuperación, para que el SN pueda volver a trabajar de forma eficaz.

Como veis… la isla y sus isleños (el cerebro)  se adaptan a todo, a lo bueno, y a lo malo. Las influencias negativas, pueden llegar a producir cambios en la gente y estructuras de la ciudad, es decir en la corteza.

Lo mismo ocurre con las positivas, pudiendo aumentar el número de conexiones…cuando aprendemos algo nuevo, es lo que sucede.

Y en caso de emergencia, de daño cerebral, la plasticidad, la capacidad de moverse como un todo inteligente, lleno de partes inteligentes… nos da garantías de sobrevivir.
Los profesionales sanitarios que nos encontramos con un SNC devastado, influimos sobremanera en el desarrollo de la plasticidad, pudiendo guiar estupendamente, o llevando al paciente a patrones de movimiento o conducta, que no sean los adecuados y que podríamos haber evitado llegar.

Es curioso como, el sistema nervioso central, sea en muchísimas ocaciones, un fiel reflejo del comportamiento de la sociedad en distintas situaciones, como las plasmadas en esta entrada. Desconozco si nos comportamos así porque somos así, o somos así porque nos comportamos de esa manera. En todo caso, resulta muy apasionante.