Saludos a todos. Han pasado ya unos meses desde que un servidor se metiera de lleno en el mundo de la neurodinámica y su integración en la neurorrehabilitación. Algo en mi modo de ver la lesión en el paciente ha cambiado de forma drástica; la evidencia clínica y las experiencias con mis pacientes me han hecho recapacitar. Y mucho.
El motivo de esta entrada es plasmar y compartir con vosotros mis pensamientos y argumentaciones a lo largo de las últimas semanas.

Podríamos definir al movimiento como un nexo común entre los seres vivos del planeta. Si bien es cierto que no todos los seres vivos se desplazan (nadie en su sano juicio ha visto caminar a un roble, ni a una maceta de geranios), sí que todos experimentan el movimiento, bien sea a nivel interno, como en el caso de los vegetales para transportar fluidos a través de ellos, o como en el caso de los humanos a nivel interno y externo, para poder interactuar con la realidad.
Por tanto, en condiciones no patológicas, los seres vivos experimentan el movimiento de una forma u otra, para poder alimentarse, relacionarse, reproducirse… En definitiva, para poder sobrevivir.
Esta premisa me ha llevado a preguntarme:

¿Es similar la forma de experimentar la lesión en todos los seres vivos?

¿Sería extrapolable la forma de experimentar la lesión a grupos de seres, como por ejemplo, a una sociedad?

homer_simpson_crayon

A continuación, se expondrá la respuesta ante una lesión de tres entes distintos y bien definidos:

1. Una neurona ante una lesión hipóxica (déficit de oxígeno proveniente de la sangre).
2. Un ser humano adulto con un nivel elevado de estrés.
3. Un grupo social, por ejemplo el comportamiento de una familia ante la muerte de un familiar.

1. La neurona, como toda célula, tiene un objetivo final: la supervivencia. Cuando se ve privada de su sustento principal (el oxígeno que transporta nuestra sangre), la célula, en primer lugar, ralentizará sus procesos para que el gasto energético sea mucho menor y las reacciones químicas en su interior irán disminuyendo paulatinamente. El tamaño se irá reduciendo poco a poco para ahorrar esa energía, para protegerse y acumular a la espera de una solución al problema. Cuando la supervivencia sea imposible, la célula morirá dejando en el cerebro un tejido arrugado y encogido que ha luchado hasta el último momento por la supervivencia.

Blood-brain barrier breakdown

2. En el caso de un ser humano adulto estresado. Pensemos en cualquiera de nosotros, sometidos a mucha presión bien sea por el trabajo, la familia, la pareja o porque nuestro equipo de fútbol lo único que hace es generarnos problemas.
A todos nos viene a la cabeza la postura y el comportamiento de alguien en esa situación límite. Una persona con mucha sobrecarga en la musculatura cervical y periescapular (me duele la espalda, me van todos los problemas a los hombros) una postura encogida, malas digestiones, respiración muy costal, insomnio, irritabilidad y un estado constante de alerta que acaba consumiendo al individuo.
Por un lado, el sistema nervioso simpático (el Vin Diesel del sistema nervioso, encargado de trabajar en situaciones de alarma) se activará. A mayor actividad del sistema nervioso simpático, más gasto energético. Y sobre todo, más posiciones de protección ante futuras amenazas, la tensión en el nervio espinal aumenta y nuestros trapecios y esternocleidomastoideos se cargan, la demanda de oxígeno aumenta, lo que conlleva un aumento de la frecuencia respiratoria que producirá por eficiencia energética una respiración más costal en la que no absorbemos tanto oxígeno como debemos.
La mente percibe el entorno como algo peligroso y la corteza cerebral experimentará cambios para asumir esos peligros, pudiendo llegar a entender estímulos que en una situación normal serían inocuos, como peligrosos y dañinos, lo que nos llevaría a más tensión. Visualicemos la posición fetal, ¿acaso hay algo que muestre mejor la protección ante las amenazas?.
En definitiva, la pescadilla que se muerde la cola y otro patrón que se repite. El déficit de movimiento y la protección en acortamiento para prevenir futuros daños y preservar la energía.

Businesswoman with stacks of folders

3. Ampliando la visión, pasemos ahora a imaginarnos a una familia que se expone a una situación de duelo reciente. Tengamos en cuenta que los familiares se encontrarán con un estado de estrés muy elevado (descripción del caso anterior).
¿Cuál será la respuesta del conjunto de personas ante el problema?
Puede que en este caso, además de los factores biológicos y psicológicos, los factores culturales y religiosos tengan mucho que decir. Servidor no se considera experto en nada, y mucho menos en campos tan vastos como esos (cosa de antropólogos), pero todos tenemos en cuenta la imagen típica en una situación así. Los seres queridos se reúnen para mostrarse cariño, para abrazarse, para llorar. A los tanatorios llegan familiares, amigos cercanos y lejanos (subrayo que la cultura tiene mucho peso en esta descripción). A modo de reflexión, como escribí al principio de la entrada, se puede entender que el apoyo y la reunión de gente en estas situaciones sea una forma de protección también y a la vez de repartir la carga para que el trabajo sea mucho más llevadero. De esto deducimos que el patrón de los casos anteriores se puede repetir aquí a grandes rasgos.

tragedia

Puede que el comportamiento de seres microscópicos no diste mucho del comportamiento de grupos de individuos, a fin de cuentas, el objetivo de los entes es la supervivencia y por tanto la respuesta de protección ante el daño puede ser similar: ahorrar energía y evitar nuevos daños.
Esta ha sido mi reflexión estas semanas. Quizá, la amplitud de miras en ciertos aspectos y el no olvidarnos de que existen ciertos patrones en la naturaleza que se repiten nos ayuden a entender mejor la enfermedad y a nuestros pacientes.