Saludos a todos. La reflexión de hoy nace a raíz de una conversación con alguien completamente ajeno al mundo de la neurorrehabilitación y de la neurociencia, después de seis días intensivos de curso. Desde esa charla rondan mi cabeza las ideas que os voy a plasmar a continuación.

libre

¿Qué es la libertad?

Para la RAE es: «La facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos».

La RAE también contempla las siguientes acepciones:

«Estado o condición de quien no es esclavo»;

«Estado de quien no está preso»;

«Falta de sujeción y subordinación».

La libertad es un don inherente al ser humano contemporáneo y es básica para la realización vital de la persona así como para el establecimiento de su dignidad.

¿Son libres nuestros pacientes?

Desde un punto de vista político, es evidente que sí. Al menos los lectores de este blog, que vivan en un país democrático, no se cuestionan la libertad individual de nadie dentro de un contexto político. Nuestros pacientes tienen libertad de expresión, de voto, de manifestación, de circulación, etcétera.

Mi reflexión quizá se vaya a un aspecto más básico del concepto de libertad; a un término con el que le podríamos resumir a un niño qué es la libertad: la capacidad de elegir, el poder de decidir entre una opción y otra y escoger la que más nos interese. Simplemente.

Por lo tanto, si los pacientes, que acuden a nosotros para que mejoremos su calidad de vida, conocen todas las opciones de tratamiento posibles dentro de una sesión y, gracias a nuestro asesoramiento, tienen la posibilidad de escoger una opción que les interese más para conseguir su objetivo, estarán haciendo uso de su libertad de elección y, sobre todo, estarán siendo responsables de su enfermedad.

Se les ha informado y ellos han escogido lo que creen que es mejor. Y voy más allá; se les ha otorgado el poder de decidir. La libertad. La dignidad.

En una gran mayoría de casos esto no sucede así: el entorno del paciente decide por él. Y lo dañino no es que se decida, es que no se dé la opción de preguntar ni se planteen alternativas. La libertad del paciente queda anulada en el momento en que los comentarios comienzan a ser imperativos y hay otras personas que están ejerciendo la libertad de elección del propio paciente.

A los lectores les propongo el siguiente ejercicio de visualización:

Imaginad que un día por la mañana os despiertan, os levantan de la cama, os llevan al baño y os meten prisa para que hagáis vuestras necesidades, os dan el desayuno, os visten con ropa que no os gusta, pero que da mucho calorcito. Os meten en un coche y os acomodan, os llevan a pasear en una silla de ruedas por una zona de la ciudad que no conocéis y que tiene el mínimo interés para vosotros; os llevan a un fisioterapeuta y en la sala de espera alguien os da la revista ¡Hola!. Os tiran encima de una camilla y un desconocido os comienza a mover rápido, os desviste y os deja en ropa interior a solas con él. El fisioterapeuta sigue moviéndoos y cada poco os dice: «Así no» , «Tienes que hacerlo mejor», «No coloques así el pie», «Si no trabajas bien no te vas a recuperar». Os vuelve a vestir, os sienta en la silla y os llevan de vuelta a casa.

¿Alguien os ha preguntado la ropa que os queríais poner?

¿Alguien os ha preguntado si queríais desayunar o qué os apetecía?

¿Alguien os ha pregunto si queríais ir a pasear por esa zona o por otra?

¿Tuvisteis opción de leer algo que no fuera esa revista?

¿Os resultó cómodo que un desconocido os desvistiera sin vuestro permiso, os movilizara y os diera órdenes?

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Seguramente que todos conocemos casos parecidos al descrito en los que el entorno del paciente cree que hace lo mejor por el bien de la persona y que en ningún momento hay mala fe en sus acciones.

¿Qué mensaje le estamos enviando al cerebro del paciente?

El cerebro del paciente entiende que no hay nada nuevo que aprender.

Pensad en un cerebro en esta situación diciendo: «Ellos me van a hacer todo. Absolutamente. Y cuando intento hacer algo por mí mismo, la respuesta que obtengo del entorno es un «así no». Tajante.  Si todo mi entorno realiza las acciones por mí y cuando yo intento hacer algo, eso que hago es negativo. Lo mejor para todos es que yo no haga nada. Ni decida. Lo mejor será que deje de hacer nuevas conexiones y dedique esa energía a otros procesos».

Todo esto se traduce por cambios en las conexiones cerebrales y en el comportamiento del paciente. Este se volverá más dependiente, más reacio a los cambios. ¿A quién no le gusta que le pregunten las cosas? ¿A qué persona no le gusta que se interesen por ella y que sean educados con ella? Y, sobre todo, ¿a qué persona le gusta que decidan por ella?

Puede que existan casos en los que el deterioro cognitivo sea muy elevado. En mi opinión personal, por mucho deterioro cognitivo, estado de coma o alteraciones psiquiátricas que sufran nuestros pacientes, siguen siendo seres humanos y podemos adaptarnos a ellos para que no pierdan algo que nadie les debe quitar jamás, ni siquiera la enfermedad: su libertad y su dignidad.

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